Trufilandia
Alguna parte del cerebro
06/12/2011
Orden
revuelve
busca
y encuentra
consigue su alimento
A su lado pasan dos policías
conversan
caminan
no hay nada que hacer
todo está en orden
conversamos
caminamos
27/09/2011
El perro pararrayos
17/09/2011
Berch
16/09/2011
Geoanagramas III
MONTEVIDEO / Te vi demonio
BARCELONA, no le cabrá.
LORCA = calor
ESTOCOLMO- Temo locos; se coló Tom.
Solo OSLO
Pisar PARIS
GRANADA agranda
Grapa PRAGA
Ok, tío… TOKIO
Labios LISBOA
MEDITERRANEO: tierra de Nemo.
08/09/2011
Erre lo erre
-¿De qué hablas, Willis?
-Que con tus sinapsis defectuosas estamos llegando al límite tolerable de la pavada.
-Te entiendo.
-¿Entonces? ¿Qué pensás hacer?
-Fideos solos no como. Vos hacé lo que quieras.
17/08/2011
Otra velita
Nombre antiguo de la nota musical do: ut. Llevar a remolque una nave por medio de un cabo: atoar. Carbón hecho con huesos de aceituna: erraj. Matrícula de Mozambique: Moc. Ría de Galicia: Erosa. Ciudad de Caldera: Ur. Río suizo: Aar. Tierra sin cultivar ni labrar: erial. Ternero menor de dos años: eral. Disco heráldico en los escudos: roel. Departamento de Francia: Ain. Bóvido extinto o bisonte extinguido: uro. Indio de Tierra del Fuego: ona. Islote del Mediterráneo: If. Rutherfordio: Rt. Wolframio: W. Río de Siberia: Obi. Antigua lengua provenzal:oc. Ave trepadora americana: ani. Piojo de las gallinas: ina. Padre de Matusalén: Enoc.
Entonces uno concluye que por más limitado que sea, siempre aprende algo. La de los indios de Tierra del Fuego al menos.
05/08/2011
Zambullida bolada
01/06/2011
La inzoolación
El felino la miró sin el menor apuro. Hociqueó un instante y avanzó un par de pasos. Con la cabeza despejó las cintas plásticas multicolores que colgaban del marco de la puerta. La señora de los bizcochos dejó caer el abanico que llevaba en sus manos y empezó a persignarse a medida que su rostro iba adquiriendo una tonalidad similar a la del papel de calco. Luego de medio minutos de mutua contemplación el leopardo giró más o menos 180 grados y retomó su paseo por la acera sur de la avenida.
La muchacha y la señora se miraron sin entender nada. Asustadas, pero mucho menos que unos segundos antes. Transcurrió un minuto eterno, entonces la más joven se animó a caminar la distancia que la separaba de la puerta y se asomó. La valiente señora la siguió un paso detrás; se le pegó al cuerpo cuando sus ojos no podían dar crédito a lo que veían.
Por allá un tucán volaba alejándose en dirección noreste. Una pareja de rinocerontes iba trotando a mitad de cuadra, a la altura de la ferretería, de donde acababa de salir un carpincho.
Sin animarse a poner su auto en marcha, un señor gordo cuarentón presenciaba azorado, sudoroso y cagado hasta las patas, cómo un león husmeaba la ventana de la puerta del o la acompañante. A lo lejos papá jirafa, mamá jirafa y la jirafita comían hojas de un árbol muy alto y viejo.
El kiosquero era otro que rezaba. Aunque lo suyo no era para tanto. Metro y medio hacia su derecha un avestruz miraba extrañado el expositor de revistas repleto de culos y tetas despampanantes, que se correspondían cien por ciento con la definición que da el diccionario del adjetivo antedicho.
Algo más allá, en mitad del asfalto, un ómnibus intentaba poner distancia con el elefante que tenía al lado. Pero lento. Muy lento. Cosa que el animal no fuera a molestarse ni ponerse nervioso como la señora de los bizcochos, que raudamente salió de la panadería para meterse en su edificio pero la jugada le salió mal, pues una anaconda de casi seis metros de longuitud se le interponía en el acceso. O sea que nerviosa como pocas enfiló hacia atrás y antes de regresar a la panadería arrojó la bolsa de bizcochos para entretener al par de cebras que se venía acercando.
Desde un balcón de la vereda de enfrente un muchacho y un niño -presumiblemente hermanos- observaban extrañados y divertidos cómo un pequeño koala avanzaba por el centro del pavimento, seguido de una hiena y cuatro flamencos.
El hipopótamo se entretenía golpeando la parada de ómnibus, moviéndole el piso a un par de lechuzas que desde allí seguían los acontecimientos. Diez o quince metros más allá unos mandriles se empachaban de maní y garrapiñada, mientras un grupito de monos tití atacaban las decenas de bolsitas que el caramelero había dejado en su rauda huída.
La puerta del zoológico estaba transitada, aunque nadie pagaba entrada. Más bien nadie entraba. Todos salían. Animales más que nada. El boletero guarecido en su puesto hacía todo lo posible para que nadie notaran su presencia. Hacía todo lo posible. Es decir nada. Sólo miraba para registrar en su mente lo que estaba ocurriendo.
A los 20 minutos apareció un chimpancé portando el llavero que tenía las llaves de todas las celdas. Cosa que debería tener y cuidar el guardián. Como si fuera oro. Ese y todos los días. Aunque llueva o truene. Aunque haga un calor de morirse. A toda hora. Mañana o tarde. O pleno mediodía como era el caso. De una jornada bochornosa como era el caso. En la que el despertador no había sonado y el guardián salió de su casa a las apuradas, sin percatarse que se olvidaba del gorro que le protegía la calvicie prominente.
Justo ese día. Plena canícula. Terrible calor. Un sol que rajaba la tierra. Pero el trabajo es lo primero. A pesar del calor. A pesar del dolor de cabeza, el sopor y la piel hirviendo. A pesar de las náuseas y los vómitos, aunque para entonces el guardián entendía poco y nada.
Luego fueron las convulsiones, el corazón y el golpe contra el piso. Y después el chimpancé, que de tanto ver todos los días lo mismo, tenía claro para qué servía ese montón de fierritos.
30/04/2011
El gato desapareció cuando vino el circo
25/02/2011
El niñochancho
Pero con las manos de cochino que le salieron -si se les puede llamar así- llegó un día en que no podía agarrar bien la pala ni el rastrillo ni el balde de plástico. Mucho menos los moldes con forma de caballito y estrella de mar que tanto le gustaban. Amén que mientras pasaba las de Caín intentando asir la pala, las demás personas que había en la playa lo observaban como un bicho raro, como si nunca hubieran visto un hombre lobo, un tigrón o un ligre, que es muy parecido al tigrón.
Recién ahí el niño ya no tan niño se arrepintió de ser tan cochino tan chancho. Se arrepintió de no cortarse las uñas, lavarse las manos, mojarse la cara, cepillarse los dientes, atarse la moña, peinarse para un costado, peinarse para la foto y todas esas cosas de niño limpio que puede jugar en la playa con pala, rastrillo, balde de plástico, moldes con forma de caballito y estrella de mar para después recuperar energías merendando leche con cocoa y galletitas con dulce de membrillo.
Por sucio se había transformado en un (casi casi) completo cochino. Un (casi) verdadero chancho. Y ocurrió que a los ocho años de edad, un soleado domingo 11 de noviembre, en lugar de ir al Parque Rodó a andar en la rueda gigante terminó pasado a cuchillo para ser en parte chorizo, en parte costillita de cerdo, en parte panceta y todo así. Cero desperdicio. Exquisito, para qué negarlo. Algo que años atrás no era la idea de su adorable padre ni de su santa madre, pero como bien sabemos, a todo niñochancho le llega la fecha que indica el santoral y donde manda capitán no manda marinero.
13/11/2010
La cura y la enfermedad
pero no pueden
tapar el sol con las manos
y en su intento
sacrifican países
vidas
recursos
tiempo
muchas vidas
cada vez más
incluso negocian
se ensucian
maquillan
se dejan corromper
o juegan a dos puntas
son partes de la farsa
de la ilegalidad
que tanto conviene
En el mejor de los casos
si es que son honestos
son cómplices
de la sangre
y del sinsentido
que quieren imponer
nueva ley seca
militarizada
multimillonaria
con tantos ceros dando vuelta
la tajada
debe ser grande
Todo
por intentar un imposible
nueva ley seca
tapar el sol con las manos
con las armas
con la sangre
con millones
que aumentan las ganancias
de los que están en el negocio
exceptuando
claro está
los que pierden
que son los mismos
de ambos lados
otra vez
pobres uniformados
pobres de riqueza efímera
de poder pasajero
pobres que ponen
lo principal del negocio
Una vez más
se repite la piedra
la cura
sigue siendo peor
mucho peor
que la enfermedad
y la sangre
siempre es la misma
05/11/2010
Sopa de letras
El problema no fue la sal, ni la carne que acompañaba la preparación, sino lo que vino a pasar después; mientras el hombre sorbía sin demora para que no se enfriase el contenido de cada cuchara en particular, ni el del plato en general.
Una vez dentro, las letras se juntaron y acomodaron de cualquier manera. Primero en la boca formando un monosílabo a las apuradas. Más adelante una palabra de mayor extensión en la garganta -que se presta para eso-. Ya en el estómago alguna que otra frase.
Pero hete aquí que el hombre no era muy letrado, así como tampoco las letras eran muy organizadas. Por lo tanto el contenido fideístico del plato de sopa caliente terminó siendo un texto sin sentido. Malo. Incongruente. Con errores de sintaxis y faltas de hortografía peores que las de gurí chico que presta cero atención en clase. O sea que si bien la sopa estaba rica rica, al rato terminó siendo una cagada.
...
A pesar de la experiencia vivida al señor le seguía gustando la sopa. Como el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra e incluso está eso de que al que no le gusta sopa, dos platos, sucedió que la noche siguiente, como hacía más frío que el día anterior y la sopa caliente es buena, el señor en cuestión, pasando por alto lo ocurrido 24 horas atrás, prendió la hornalla más chica de la cocina y recalentó la sopa que había sobrado.
Cuando estuvo humeante, apagó el fuego y se sirvió un buen plato. Ésta vez el comensal sorbió más despacio, con cuchadadas menos llenas, intentando no repetir lo ocurrido la noche previa.
Fue acertado el cálculo del hombre, pues las letras primero y las palabras después se fueron juntando de una forma muy destacada, lo cual hizo que el hombre quedara orgulloso de su plan. A raíz de esto fue y le mostró el resultado a un vecino de confianza, buen lector, experto en literatura tanto nacional como extranjera, tanto contemporánea como clásica y le pareció muy bueno aquello. Con gran alegría el comensal empezó a recorrer el barrio dando la buena nueva de su creación literaria.
En eso estaba cuando al otro vecino -el versado en letras-, le comenzaron a sonar conocidas todas esas palabras que acababa de leer. Así, tal cual estaban. Tan ordenadas. Tan compactas. Tan sin faltas de ortografía. Tan, que cayó en cuenta que aquello le resultaba familiar porque se trataba de unos versos de un gran poeta de otras tierras.
Entonces acusó de plagio a su vecino tomador de sopa y al rato ya se había enterado todo el barrio, que esas noticias es sabido que corren como reguero de pólvora. Incluso la prensa se hizo eco del hecho, pues siempre hay algún espacio para este tipo de sucesos.
En el vecindario nadie lo terminaba de creer. Todos lo tenían por buen vecino: saludaba, sacaba la basura en hora y cruzaba la calle en la esquina. Pero sin duda él lo había hecho. Era culpable. Unos versos muy lindos, pero ajenos.
Sintiéndose siempre observado, el hombre cayó en una depresión y no levantó cabeza. Nunca más compartió sus versos con nadie. Ni tomó sopa. El segundo plato terminó siendo una gran cagada.
18/07/2010
La mosquita que no se dejaba matar
Se ve que a esa mosquita, ni su papá mosquito, ni su mamá mosquita, ni ninguna otra mosquita adulta, le había explicado que como buena mosquita que era se podía escapar una vez, dos, a lo sumo y siendo muy buenos, tres, pero no más. Porque nunca dura tantos intentos de eliminación una verdadera mosquita, ha no ser que no sea una mosquita sino otro tipo de insecto todavía desconocido para los especialistas mundiales en mosquitos y que en verdad no es pero se parece bastante a la mosquita de morondanga que todos conocemos, esa que no dura más de dos intentos, a lo sumo tres.
07/07/2010
Cómo fue soñar
En verdad no fueron muchos días. Mientras duró el Grupo A era una sensación lejana, aunque no nos podíamos quejar. Es probable que al tercer partido alguno se empezara a ilusionar. Vimos que los cruces posibles podían no ser muy complicados y prendimos una vela al santo.
Luego llegó el turno de Corea del Sur y ahí sí comenzó la ensoñación. Empezamos a creer que los astros podrían estar de nuestro lado. En una de esas se alineaban todos los planetas y quién te dice.
Vino entonces Ghana y ese partido que sabemos de memoria. Desventaja. Empate. Alargue. Penal sobre la hora. Qué pena que termine así. Penal y palo. Penales y fiesta. La avenida 18 de Julio repleta.
Ahí comenzó la parte más febril del sueño, que duró hasta el último segundo del partido frente a Holanda. Horas que se hicieron eternas pero también disfrutables. Había algo celeste que lo teñía todo. Fútbol hasta en la sopa. Nadie habló de otra cosa por varios días. Solo fútbol. Todo celeste. Una esperanza con puntos suspensivos: “y si llegamos hasta acá...”
Ahí pasó lo que pasó. Nos despertaron de tres naranjazos. Se vendió cara la derrota. Les costó, pero se terminó el sueño. Despiertos ahora, los días vuelven a ser como antes. Hoy llueve -por ejemplo-, pero valió la pena.
06/07/2010
El ombú
Pasaron dos décadas y el ombú sigue siendo el mismo. Es un árbol aguantador y longevo, como muchos de su especie. Por su parte aquellos niños ahora son adultos. Ya no están como para treparse y jugar como hacían 20 años atrás en esas mismas ramas gordotas. O sí, pero poco importa. Porque aunque quisiesen, no podrían.
Ahora ese ombú es la casa de otros niños. Todo el día. A horario completo. Ahí viven con sus padres, un par de perros, un sillón destartalado y esos colchones que cada tarde ventilan al sol. Ahí juegan, también. Seguramente para envidia de otros niños, que saben bien que para tener una casita en un árbol, nada mejor que un ombú tan grande e intrincado como ese.
09/05/2010
Shhhh
las palabras no alcanzan
Esta noche
cuando se apaguen las luces
cada uno
va a llorar en su cama
11/02/2010
Versión de Aladino
-Dos pan con grasa y una margarita de crema- dijo rápidamente la niña, muy segura de lo que estaba haciendo.
10/02/2010
Se sabe
Anduvo un par de pasos más y se sorprendió, al extender su brazo derecho, por no tocar la pequeña mesa que siempre tanteaba en este tipo de ocasiones. -Hoy los pasos no habrán sido tan rectos como de costumbre-, dedujo.
Con lentitud se movió lateralmente en búsqueda de la mesa que debería estar allí, pero no tuvo suerte. Entonces pensó que tal vez los pasos habían sido más largos de lo normal, por lo cual ya estaría cerca de la empinada escalera.
Con todo el sueño del mundo dentro de su cabeza, tomó las precauciones del caso. Si no tocaba la mesa era porque ya la había pasado, supuso. Avanzó unos centímetros y estiró el brazo hacia adelante, pero tampoco alcanzó a dar con el trozo de pared que cubría en parte la abertura hacia el piso inferior. Eso podía significar que adelante suyo, a centímetros, podía estar el agujero de la escalera. Ante tal posibilidad, el hombre giró algunos grados hacia la izquierda y luego fue un poco más hacia adelante. Alargó el brazo y no tocó nada. No tocó puerta. No tocó pared. No tocó mesa. Tampoco podía tocar otra cosa.
Giró un poco más y se movió apenas hacia el costado derecho. Ahora los movimientos eran casi milimétricos; el abismo de la escalera podía estar ahí.
Pensó unos instantes y estimó que tal vez no se había levantado a la altura de la cama en que lo hacía normalmente. Otras posibilidades eran haber equivocado en algo la dirección, el ángulo de sus pasos, o que estos hubieran sido más cortos o más largos que de costumbre. Hizo un pequeño giro, un paso corto hacia su izquierda y la situación continuó incambiada. Volvió a girar y anduvo mínimanente hacia adelante. Nada.
Precavido, retrocedió unos veinte centímetros. De inmediato estimó que esa distancia, después de tantos movimientos, podría haber sido alejándose de la escalera -tal como deseaba- o acercándose a ella. Aunque no hacía ni un minuto que había despertado, ya no recordaba la vejiga hinchada, dónde estaba la cama, ni para qué estaba parado. Semidormido, sintió miedo y no se animó a moverse para ningún lado. El temor por dar con el agujero de la escalera empinada y precipitarse hacia el piso inferior, lo inmovilizó. Sabía que trastabillar y caer por la larga y empinada escalera era golpearse de lleno contra la contundente pared de piedra del patio de la casa.
Asustado, se agachó hasta sentarse en el piso. Abrazó sus pies plegados pegados contra el pecho y se dispuso a esperar. En eso sintió que unas gotas de orín le mojaban la entrepierna. Intentó no moverse y mientras tanto recordó, como consuelo, lo que ya se sabe en estos casos, que los ojos se acostumbran rápido a la oscuridad.
27/01/2010
Som
el uno para el otro
llevamos años
de convivencia entrañable
aunque claro
tuvimos nuestros días grises
con tormentas
rayos y centellas
como es lógico que ocurra
a pesar del cariño
en tanto tiempo
pero más cierto es
que ganan los días
alegres y radiantes
pues fueron
abrumadora mayoría
y en ellos
compartimos mucha vida
Admirable compañera
parecía que los años
no pasaban para vos
pero sí
pasaron
entonces
no hubo más remedio que remiendos
tuvimos que sanar las heridas
cicatrizar artesanalmente
con estas manos torpes
como se pudo
como si supiera
porque otra aventura compartida
estaba en puerta
y será así hasta que dure
hasta que duremos
compañera rojinegra
con banderita cosida
con frase pintada
mil gracias
mochila querida
Feria/as
05/12/2009
Historia con pájaro
17/11/2009
Elecciones
¿Lo mando a la mierda o me aguanto en el molde? ¿Le digo que soy puto o que no la toco ni con un palo? ¿Se la pego a la altura del tobillo o en el medio de la canilla? ¿Elijo científico o humanístico?
¿Le aviso que me cobró de menos o me hago el gil? ¿Atiendo el teléfono o después le explico que no lo escuché? ¿Me hago el dormido o le doy el asiento a la octogenaria enclenque? ¿Pago el agua o la luz? ¿La tiro a colocar o lo chumbeo? ¿Prendo la radio o la tele? ¿Pido nacional o importado? ¿Simple o doble? ¿Con o sin hielo? ¿Le confieso que escribe horrible o me mando una respuesta esquiva? ¿Me rifo la revolución francesa o la industrial? ¿Baño polaco o sólo me mojo el pelo? ¿La llamo o no la llamo? ¿Pedimos la cuenta o tomamos una más? ¿Le sugiero que baje ahora o dentro de un rato? ¿Me afano la mostaza o se las dejo? ¿Voto al menos malo o me quedo en casa? ¿Mando este texto de morondanga o le doy delete?
24/09/2009
Receta casera
19/09/2009
La odio
verbo feo si los hay
Odiar
cosa grosa
Pero en ocasiones
muy de vez en cuando
es una realidad
y no hay que negarla
Si la odio
que se entere
aunque ella lo perciba
aunque intente ignorarla
aunque la aborrezca
con todas mis fuerzas
Que el mundo lo sepa
que ella se entere
la odio
Es una cuestión de piel
quisiera verla desaparecer
como a tanto hijo de puta
que anda en la vuelta
Que el mundo lo sepa
que ella se entere
Odio
la pe de mierda
que le ponen a setiembre
11/09/2009
21/07/2009
Deportivo rojo
hace algunos meses
y ahora
es un hecho
culo veo
culo quiero
que en esta Montevideo
almanaque 2009
todos tenemos
un pantalón deportivo rojo
liso
sin ninguna rayita
ni nada extraño
siempre
el mismo tono
no sea cosa de desentonar
y que te miren raro
por vestir un rojo distinto
Pero pobre
del que osara usar
algo parecido
años atrás
y pobre también
el que lo use
culo veo
culo quiero
de aquí a un lustro
cuando todo sea
estampado de animales marinos
nada de anfibios
ni extravagancias por el estilo.
29/06/2009
Viajante que pregunta
Todas las mañanas se levantaba y revisaba las visitas pactadas, a las que siempre se sumaban otras imprevistas. Era como el doctor del pueblo. Cada vez que iba a alguna casa lo agasajaban con una torta o le regalaban una gallina. O unos chorizos caseros, que le gustaban mucho. En los comercios también recibía alguna atención.
Para un no lugareño era raro ver aquel liliputiense de pecho henchido recorrer constantemente las calles del pueblo, haciendo visitas a diestra y siniestra. Siempre vestido de punta en blanco. Siempre obsequiado y agradecido.
Cierta tarde un viajante que de tanto en tanto recalaba en el bar ubicado en una de las esquinas de la plaza, extrañado de ver en reiteradas ocasiones a aquel enano ir y venir alegremente de un sitio a otro, le preguntó al cantinero por el motivo de aquella rutina:
-¿Quién es ese señor?
-Ramón.
-¿Y a qué se dedica?
-El hombre -respondió el cantinero- es la medida de todas las cosas.
-¿Cómo? -exclamó el viajante.
-Sí. Mide un metro exacto.
30/05/2009
El coleccionista
Un cuarto de hora después el automóvil frenó y pudo sentir que los secuestradores además de grandes y fuertes sabían hacer llaves dolorosas para impedir cualquier movimiento imprevisto. Sus interrogantes eran ignoradas olímpicamente. Solo presión física y silencio de parte de ellos. Él sentía terror. A pesar de ello había podido hacer alguna cuenta mentalmente. Encima llevaba poco dinero, unos 200 dólares, pero estaban a disposición de los secuestradores si los pedían. También la cuenta bancaria con algo más de 8.000. Eran los ahorros para un terreno en la playa, pero ahora eso no importaba. Sin embargo los dos hombres no respondían nada a sus ofrecimientos. No parecía ser un tema de billetes, al menos por ahora. Entonces qué, pensaba, si una vida tranquila, si un trabajo normal, si una familia tipo, si ninguna militancia sindical o política, ni episodios de corrupción, ni enemigos personales, ni nada que justifique un secuestro que no sea por el dinero que no querían aceptar. Una vida de morondanga nada envidiable. La única variante a una pasmosa rutina era su extravagante hobbie de coleccionar máquinas de escribir.
Cuando lo sacaron del vehículo y lo pusieron a caminar sintió bajo sus zapatos el ruido del pedregrullo y le llegó una brisa que no era de ciudad. Sin duda estaba en algún sitio de las afueras. Solo era consciente de seis pies andando sobre pedregullo de granito rosado. Y silencio. Y miedo. Y sudor.
De pronto cuatro o cinco escalones. Un lugar cerrado que daba la sensación de ser amplio. Piso de cemento. Unos 50 pasos. Siete u ocho escalones hacia arriba. Un ambiente calefaccionado. Sintió que lo metían en algún lado, a prepo, pero como dando por terminada la tarea.
Lo dejaron caer sobre un colchón; una cama tal vez. Era el primer instante que no lo estaban sujetando. Como pudo se sentó y se percató que tenía las manos libres. Detrás suyo la puerta se cerró con violencia y con violencia sintió que la trancaban con pasador y candado.
Elevó sus manos y tocó la capucha. Temeroso comenzó a quitársela lentamente. Y lentamente fue recuperando la visión. Pudo ver que estaba solo. En una habitación vidriada; una especie de pecera del tamaño de un dormitorio grande. Se observó sentado en cama metálica, rodeado de decenas de máquinas de escribir amontonadas junto a las paredes de la habitación pecera.
Aturdido por lo que le estaba ocurriendo se paró y caminó un par de metros hacia adelante. Entonces pudo ver frente suyo un habitáculo similar al que lo tenía cautivo, con una mujer que dormía sobre una cama, rodeada de pequeños jabones. Era uno de varios, que sumados se asemejaban a un enorme reptilario. Afinó la vista y pudo leer un cartel que estaba en la base del receptáculo donde descansaba la mujer: “Victoria Montero. Coleccionista de Jabones de Hotel”.
21/05/2009
Danger
con estos versos
no sea cosa
que después
necesite cremita
Ojo que queman
a veces pasa
con algunos
que uno los toma
así nomás
desprevenido
regalado
sin la protección necesaria
Cuidado con estos versos
ardientes
calientes
humeantes
que a pesar de estar sosos
desabridos
crudos
insulsos
especialmente feos
tienen
su temperatura respetable
porque están
recién
recién
salidos del horno.
13/05/2009
Capacidades
para vender algo barato
luces de colores
globos
bengalas
envoltorios
para vender engaños
en tanto
a medida que aprendemos
aumentan
las luces de colores
los globos
las bengalas
los envoltorios
los precios
para confundirnos
entreverarnos
cegarnos
captarnos
tenernos
y es una lucha
un aprendizaje continuo
ante tanta pirotecnia
tanta lucecita
tanta bengala
tanto ruido
que no escuchan
que se metan
sus abalorios
donde les quepan.
Formas
y sabés bien que voy a caer
en un sitio o en otro
pero no lo dudás
puedo caer cerca tuyo
o muy lejos
caer donde están todos
o donde no hay nadie
caer con las manos
o abrirme la cabeza
Me pueden atajar
tal vez
pero sabés que voy a caer
y que mentiría
si digo que me puedo mantener
Voy a caer
lo sabemos
la intriga
es el cómo
y el cuándo.
05/05/2009
Promesa
-Ya verás que sí te puedo hackear- prometió el derrotado.
15/04/2009
22/03/2009
El refugio
-Tenemos comida para cinco o seis años. Agua potable. Cuarenta y siete metros cuadrados donde cada uno dispone de su pequeño espacio privado. Una sala común. Baño. Una biblioteca muy completa. Música. Mucha música. Cine. Varios mazos de cartas. Unos aparatos de gimnasia para mantener medianamente la figura esbelta que nos caracteriza. Botellas de vino para brindar por estar vivos, whisky para los cumpleaños y cerveza para poder erutar bien.
Apenas terminó de enumerar, sin levantarse de la alfombra donde estaba sentado, Joaquín estiró el brazo, abrió la heladera y sacó las tres latas de cerveza que tenía más cerca.
Se quedó con una y le lanzó otra a cada uno de sus amigos. Pedro la atajó con la mano izquierda. Felipe con la derecha. Con diferencia de décimas de segundo las tres latas sonaron al ser abiertas. Csshhhhhhh. Cshhh. Cshhhhhh. La de Felipe comenzó a largar espuma por lo cuál éste debió apurar el trago sin lograr evitar que la alfombra se mojara.
-Primera mancha -hizo notar Pedro-.
-No va a ser la última ni mucho menos, así que no pasa nada -agregó Joaquín-. Además nadie va a venir a visitarnos.
-Eso es un problema. Por ejemplo ahora los tres estamos bien vestidos. Somos tipos educados: primaria, secundaria y dos de tres universidad completa. Pero con el tiempo vamos a ir perdiendo la vergüenza que aún nos tenemos como amigos. Primero abandonaremos los zapatos y empezaremos a andar descalzos. Cosa bastante lógica por cierto. Piso de parquet. Todo el día de medias. Después nos quitaremos el buzo de vez en cuando. Días, semanas o meses más tarde, cada uno a su tiempo, abandonaremos el pantalón y quedaremos en calzoncillos. Es más fácil. Más cómodo. Hay que lavar menos ropa. Luego llegará un tiempo en que los tres estaremos de calzoncillo y nada más. Apuesto. ¿Y después?
-Después Pedrito, tendrás que empezar a cuidarte y dormir boca arriba -respondió Felipe-.
-Yo creo que abandonaremos antes el pantalón que el buzo.
Ahora el que hablaba era Joaquín, que a la vez que pronunciaba esto se quitaba los championes de lona y los dejaba a un costado.
-Pero piensen –continuó diciendo Pedro-. Esto sin duda nos va a cambiar. Estar encerrados en este búnker durante años esperando que algún día el medidor de radiación exterior nos indique que podemos salir fuera y mirar después de años a más de diez metros de distancia. Ver cómo quedó todo. Si es que podemos salir. Si no estamos rodeados de piedra o de agua.
-O de nieve. O de lava venida vaya a saberse de dónde –aportó Joaquín poco antes de que su amigo continuara hablando-.
-Poder caminar. Ojalá que se pueda. Ver cómo quedó la ciudad. Estirar las piernas. Dirigirse hasta el río para ver si sigue ahí. Si hay peces. Si la arena sigue siendo como la recordamos. ¿Se imaginan que el medidor de radiación exterior funcione mal y cuando salgamos ya esté todo el mundo fuera hace muchos años? La gente en la playa comentando el partido del domingo o el asesinato de la jornada. Y nosotros tres muertos en vida apareciendo como los del accidente de los Andes, o como los japoneses que se quedaban perdidos en una isla del Pacífico pensando que la guerra seguía y que los turistas en yate eran yanquis invasores.
-Es mejor eso a que funcione mal para el otro lado y nos avise que podemos salir antes de hora. Por las dudas canto último. –se apuró a decir Felipe-.
-Yo segundo –apuntó Joaquín mientras se colocaba su lata de cerveza como si fuera un telescopio, para confirmar con su ojo derecho que efectivamente la lata estaba vacía, más que por lo poco y nada que veía hacia adentro, por el hecho de que ninguna gota le había caído sobre el cristal de sus lentes-.
-Ahí están los cagones. Siempre al final de la fila. Ustedes no se preocupen. Voy adelante. Eso sí. La primera mina que veamos es para mí, nada de querer ganármela.
-Eso se está por ver –desafió amigablemente Felipe-. A ley de juego todo dicho.
Joaquín se estiró sobre la alfombra y se puso a hacer lagartijas. La última fue casi una proeza.
-Doce -le contó Pedro-.
-No creas que no puedo hacer más, pero soy demasiado supersticioso. Prefiero evitar la yeta. Lo importante es que quemé las calorías de la lata anterior, así que puede salir una más.
-¿Con 12 lagartijas tenés derecho a otra consumisión? –interrogó Felipe-.
-Con cuatro. Lo que pasa es que me mandé el gesto y les invito la vuelta. La próxima corre por tu cuenta.
-Acepto.
Joaquín se paró y volvió a abrir la heladera para sacar tres latas de cerveza. Esta vez las entregó en mano para evitar una posible mancha.
Cshhhhhhhhhh. Cssshhhhhh.
-A mí todavía me queda, pero dejámela igual. Es cuestión de minutos. Ya saben que Felipe bebe más lento pero no los abandona, ni en caso de explosión nuclear.
-Suerte que ninguno fuma. Eso habría sido un problema –sostuvo Pedro mientras llevaba la lata a su boca-.
Mientras tanto Joaquín volvía a acomodarse sobre la alfombra, a la vez que le respondía.
-Está en el reglamento. Cero pucho. Un fumador no tiene cabida acá. Para eso podrías haberte apuntado al refugio de José, que son todos fumadores. ¡Eso ya debe apestar que es un asco! Supongo que con el tiempo se acostumbrarán, pero tiene que ser horrible.
Pedro se levantó del sillón, cansado de estar sentado ahí desde hacía más de una hora. Caminó hasta la pared midiendo los pasos. Fueron siete. Se giró e hizo lo mismo hacia la pared opuesta. Once. Los siete que había andado antes y cuatro más. Miró la sala. Las cuatro paredes estaban pintadas de diferentes colores para que pareciera más amplio, según Felipe. Para que fuera más alegre, según Joaquín. Porque era lo más barato, según Pedro.
En la pared amarilla colgaba una gran pantalla plana que les ayudaría a pasar el tiempo y cultivar su gusto por el cine. Más de 2.000 películas. Había para todos los gustos. Entre ellas casi un centenar de italianas sin doblaje al español. Con suficiente tiempo a disposición, Pedro planeaba aprender el idioma de sus tatarabuelos.
En las otras paredes –la celeste, la verde y la blanca- la decoración era la mínima imprescindible. Por asamblea y voto unánime habían decidido que nada de fotos familiares ni almanaques. El que quisiera algo de eso lo ponía en su habitación, donde disponía de cuatro paredes para él solo. La sala común no estaba para recordar ni entristecerse. Era el espacio común de encuentro y celebración de estar con vida. El espacio que muchos, que la gran mayoría, no se había podido costear. Ellos por suerte tenían sus ahorros. Ellos tenían su refugio. Estaban dentro. Afuera es sinónimo de muerte; adentro es vida. A llorar al cuartito.
Csssshhhhhhhh. Rezagado, Felipe abrió su segunda lata de cerveza.
-Lo que no entiendo –dijo mientras bebía el primer sorbo- es para qué le pusimos nombre como si fuera una casa de veraneo en la costa, si nadie va a poder leerlo. Nadie puede salir de un refugio cuando afuera hay una radiación atómica. Es más. Vaya a saberse si la pintura sobrevive las insospechadas inclemencias del tiempo o las altas temperaturas.
La reunión había sido un año atrás, cuando los tres amigos decidieron comprar un refugio antiatómico. No fueron los únicos. Por entonces el negocio estaba floreciente. Varios miles de búnkers fueron instalados discretamente en la ciudad en previsión de la inminente guerra mundial. Era cuestión de tiempo. Siempre la siguiente guerra es cuestión de tiempo. Aunque después de ésta tal vez las cosas cambiaran. Era una de las hipótesis. La más optimista. Que esta guerra fuera distinta. Que después de esto la humanidad aprendiese de los errores del pasado y tomara un camino diferente al recorrido hasta entonces. Que a la conflagración mundial con armas nucleares le seguiría una paz nacida del convencimiento de todos los seres humanos de que antes habían errado el rumbo. El sueño de la unión de los hombres, bla, bla, bla, bla.
-La idea es que en algún momento se va a poder salir. O al menos yo pienso salir si veo que me voy a morir acá adentro de viejo –explicó Joaquín-. De la misma forma pensarán muchos. Así que en una de esas, alguno a punto de pelarse, a pesar de la radiación, del resplandor que haya afuera, de la nube de polvo tóxico, a pesar de eso, alguien, cuando sepa que le queda poco tiempo de vida, se dispondrá a dar su último paseo, y cuando se pare frente a nuestro costoso refugio y lea, tal vez se le despierte una sonrisa, y con suerte, con la poca suerte que pueda desear entonces, ojalá, en un ataque de risa, mientras le revientan los pulmones o se le derriten los pies, se muera de risa literalmente y no demente en una litera.
-Vuelvo en diez minutos. ¿A quién se le ocurre bautizar un búnker “Vuelvo en diez minutos”? Solo yo les acepté la idea.
-Felipe: quedaste en minoría y asumiendo la derrota cambiaste tu voto porque la resolución tenía que ser por consenso. Todo a cambio de otra jarra de vino de la casa mientras discutíamos el asunto en un bar. Si sos corrupto es tu problema –le recordó Joaquín-.
-De carne somos.
-¿Cuánto tiempo llevamos acá adentro? –consultó Pedro mientras con una mano sacudía la lata para estimar cuánta cerveza le quedaba-.
-¿Para qué querés saberlo? No te va a hacer bien –contestó Felipe-.
-¿No íbamos a poner un reloj al menos para saber qué hora del día era?
-Estás adentro de un búnker luego de la tercera guerra mundial –explicó Felipe-. Solo existe el adentro, al menos mientras eso nos indique el medidor de radiación exterior. Afuera es un sueño. Un deseo. Un proyecto en el mejor de los casos. Aprender italiano con las películas. Salir hechos unos especialistas en cine europeo. Haber leído el Quijote de una buena vez. Saber orientarse mirando los líquenes de los árboles; en teoría claro. Memorizar todas las capitales del mundo. Conocer al dedillo la obra completa de Marx. Entender el arte moderno. Escribir tus memorias por si no contamos el cuento. Pero afuera es nada. Desde adentro afuera no es nada. No hay días ni noches. No hay estaciones. No hay veranito en la playa. No hay lluvia. No hay sol. No hay me quedo porque está feo. No hay voy a aprovechar que paró un poco. Es solo adentro y nosotros tres. Mientras tanto: solo eso. Y mientras tanto puede ser años. Por no empezar a sacar bien las cuentas de cuándo tendremos que empezar a racionar la comida, apostar por ver a quién le toca comer ese día, ir a escondidas a robar de la cocina el alimento que escasea, dormir con un palo en la mano para defenderse del otro que viene a asesinar para tener algo más de comida. ¡Pensar que todavía somos amigos!
Joaquín se acostó de cara contra el piso, puso los brazos en posición y comenzó a hacer lagartijas.
-Doce -le contó Pedro-.
-Les invito otra vuelta, pero apúntenla.
-De acuerdo -aceptó Felipe-.
Cssssshhhhhhh. Cssshhhhh. Csssshhhhh. La alfombra recibió la segunda mancha. Los tres amigos rotaron de ubicación. Joaquín se recostó en el sofá de dos plazas, el sitio más cómo de toda la sala. Pedro se pasó a la alfombra y se puso a leer una revista. Felipe fue hasta el equipo de música y puso algo cantado en inglés. Blues tal vez. Luego se sentó en una de las cuatro sillas de madera que rodeaban la mesa de la sala y comenzó a barajar un mazo de cartas. Cuando se cansó se puso a jugar al solitario. No le salía. Bebió un buche de cerveza.
Joaquín miraba la pared tirado en el sofá. Pedro leía sobre la alfombra. Felipe se puso a entreverar las cartas una vez más, procurando acomodarlas de la manera precisa para que de una vez por todas le saliera bien ese solitario maldito. Un, dos, tres, sota, caballo, rey. Un, dos tres, sota, caballo… Caballo. Vuelta a empezar. Un, dos, tres, sota, caballo, rey. Un, dos, tres, sota, caballo, rey. Un, dos… Dos. Vuelta a empezar. Un, dos, tres, sota… Sota. Vuelta a empezar. Un, dos, tres, sota, caballo, rey. Un, dos, tres… Tres. Vuelta a empezar. Un, dos, tres, sota, caballo, rey. Un, dos, tres, sota, caballo, rey. Un, dos, tres, sota, caballo, rey. Un, dos, tres, sota, caballo, rey. Un, dos, tres, sota, caballo, rey. Un… Uno.
-Para mí tenemos que discutirlo de nuevo -exclamó Felipe mientras abandonaba los naipes-, pero estaría bien que invitáramos a uno más. Martín por ejemplo. Al menos podríamos hacer un truco de cuatro.
-¿Cuánto tiempo va? –preguntó Pedro-.
-Siete horas y media. Un viaje en ómnibus a Porto Alegre dura más –contestó Felipe desde la mesa-.
-Mierda –maldijo Pedro-. Me voy. La semana que viene probamos de nuevo, a ver si aguantamos un poco más.
-Hay que reponer cerveza. Yo me encargo -anunció Joaquín mientras agarraba el paraguas todavía húmedo-.
20/03/2009
Aviso clasificado
Vendo por viaje. Familia completa. Fútbol con amigos. Pasión carnavalera. Ronda de mate. Truco de seis. Nostalgia a estrenar. Extrañitis aguda. Recuerdos varios. Precio a conversar. Facilidades.
18/03/2009
El mapa de la ecuación
Durante varios años Valle dell’Angelo fue un circulito negro en una fotocopia. Un circulito negro en una hoja oficio, que tenía en la parte superior un mapa de la campaña italiana y debajo una frase manuscrita: “A ver si podés con esta ecuación que a mi no me da”. Era un mensaje entre entendidos de las matemáticas.
Un día el mapa fotocopiado cruzó el Atlántico. Un papel entre tantos otros. Un destino soñado, porque tal vez, porque nunca se sabe. Si la tinta se fuese borrando por el solo hecho de mirarla, aquella hoja debería estar en blanco. Fotocopia abierta, observada y vuelta a doblar decenas de veces. Mapa a pequeña escala donde aparecía el pueblito, porque en uno que mostrara una zona más amplia era imposible un detalle tan mínimo.
Una tarde calurosa de verano al circulito negro de la fotocopia lo alcanzó un trazo negro de lapicera. Fue el recorrido que hizo el ómnibus. Valle dell’Angelo dejó de ser un punto en un mapa fotocopiado y se convirtió en una plaza desierta, unos viejos viniendo a interrogar con curiosidad a tres visitantes interesados en un pueblo alejado y despoblado en el que nunca pasa nada. Si hasta el hombre que había vendido el boleto en la ciudad más próxima negó que hubiera en el trayecto del autobús un sitio llamado así. Pero lo había. Miró bien y había.
Después de hacer
La ecuación sigue ahí, irresuelta, esperando alguien que sepa algo de matemáticas.
03/02/2009
Cuzquito
No era gran danés, dogo argentino, pastor alemán ni setter irlandés. Era un pequeño cuzquito, pero era perro. Animal mamífero doméstico de cuatro patas, buen hocico y que se lleva mucho mejor con los hombres que con los gatos.
El joven no tenía idea que aquel perro entendía tan bien el castellano. Tal vez ni se dio cuenta que entendía ese idioma y concluyó que simplemente se le cruzaron los cables, aunque el pequeño can no tuviera ningún cable en su cuerpo de ocho kilos. Es el problema de usar frases hechas. Cables cruzados. No hay dos sin tres. La tercera es la vencida. Al que madruga alguien lo ayuda.
Apenas ingresó al jardín de la casa de su vecino, el muchacho se vio sorprendido por los ladridos de un pequeño perro que se le acercó intimidante. No era un perro, era un perrito de morondanga, pensó. Chiquito, del tamaño de una mortadela entera, con patitas a medida y ladrido agudo y molesto. El bípedo le chistó y siguió avanzando sobre el pasto. El cuadrúpedo se aproximó aumentando cantidad y volumen de sus ladridos. El bípedo miró a su amigo que estaba esperando en la vereda y le grito muy canchero –¡perro que ladra no muerde!-.
Ahora el joven tiene una media menos y una mordida más. Es el problema de usas frases hechas.
29/01/2009
Chaplán
Brazos extendidos. Mover un poquito las piernas. Placer. Disfrute. Tranquilidad. El pecho se llena de aire. Lejos el mundo. Abajo el fondo. Tararear una canción y sentirla en el agua. Lindo. Es lindo hacer la plancha.
23/01/2009
Macanas de la vida
Entrevista real a un niño de diez años de cuarto año de una escuela pública de Pocitos -barrio clase media alta-, donde se da cuenta del uso de dinero entre los alumnos.
Sí. Por ejemplo, si una persona le pide un peso a otra, el otro después le dice: “pero mañana me traes dos”. Eso es como un recargo que se hace.
Ojo. Pero hay rebajas. Si vos le prestás cuatro pesos le decís que te pague cinco y no ocho. Igual está mal.
Semi todos. Algunos.
Ahh… figuritas es un tema muy complicado. Hay veces que ha pasado… a mí me pasó con mi primo, una vivencia, que él me pidió que le comprara figuritas a un niño que las vende a cuatro pesos cada una, que para mí es un robo.
Diez pesos y te trae cinco. Saldrían dos pesos cada una. Hay un lugar, acá en el kiosco, que las podés elegir vos y te salen diez pesos cinco figuritas elegidas por vos. Lo mismo que un sobre. Y a él, le comprás dos figuritas por ocho pesos. Es un robo. Encima si la querés reservar, por si la querés tener y es una figurita muy difícil de conseguir, que sabés que alguien se la va a llevar enseguida, podés pagarle un peso por reservarla y ya es como tuya. Nada más que al otro día le tenés que pagar los cuatro pesos que sale.
Sí. Hay cuota y reserva, las dos cosas juntas. Y hay solo cuota o reserva. O contado.
Te la reserva y la podés pagar cuando quieras.
No. En cuotas pagás un peso y tampoco te la da. Pero le podés ir pagando, en cuatro semanas, un peso por semana, y te la da al final, cuando pagaste la última cuota.
El otro día, en fin de año, en total, creo que juntó 50 pesos.
Bastante. El año pasado hizo 25. No le duró nada.
Para nuevas figuritas, porque las repetidas que nadie quiere se las venden a otras personas que capaz que las quieren.
Ahh, sí. Prestaba mucha plata. Un día prestó 10 pesos y nunca se los devolvieron.
Para mí el límite que tendría que haber son cuatro pesos, porque sino podés perder demasiado. Tenés riesgo de que no te lo devuelvan.
Sí. Les prestó a todos y después nadie le devolvió.
Lo fue a denunciar a la maestra.
Se armó hecatombe.
“A ver, a ver, quién no le devolvió la plata” y también lo rezongaron a él por utilizar dinero. Desde ahí se prohibió, pero antes pasaban cosas como que le pagaban plata a personas para que le llenen la botella, para pegar, para que lo mojen, etc, etc.
Que te llenen la botella de agua en el baño o en el bebedero.
Porque no se le antoja o no tiene ganas. Le paga a otro para que lo haga por él.
Hay uno, que ese fue el caso mayor y para mí es demasiado como estúpido, pagó 20 pesos porque le vayan a llenar la botella y le vayan tirando agua todo el día.
Ya sé. Pero el tema es que no se puede ahora. También antes pasaba que le daban plata a alguno para que salga del baño y se vaya a otro. Le decían: “salí del baño y te doy plata”.
Sí. Hasta hay alguno que compraba chicles en el kiosco y después los vendía a un peso más.
No. Entonces se avivaba y ganaba plata.
También pasan cosas en el fútbol, que se dejan meter goles o que juegan a perder o que alquilan el juez. Pasó una vez que alquilaron el juez y hubo un faul que lo tocó sin querer con la mano y dijeron que fue roja.
Claro, pero para el que gana es algo que le gusta. También hay casos de alquilar otras cosas: guardaespaldas. Existen hasta los abogados, que te defienden ante la directora y la maestra.
Abogados no. Son personas que dicen haber visto algo… ¿Cómo es que se dice?
Testigos. Son testigos que en realidad no vieron. Inventan ante la maestra y ante las personas para que la persona se salve.
Cinco pesos el caso.
Testigo más bien. Alguien que no está.
Menganito robó algo. Entonces menganito le da plata al testigo y cuando la maestra le dice: “¿en serio lo hiciste, menganito?”, “¿alguien sabe?, ¿alguien vio?”. Entonces el testigo dice: “sí yo vi. Lo robó uno que tenía la cara tapada”. Eso lo hacen, lo de la cara tapada, para que no quemen a otro.
Que un cuadro iba metiendo cero penal y el otro iba metiendo cuatro penales. Entonces lo que pasa es que al golero le dan 50 centésimos de porquería y se lo deja meter. El tal caso fue que después se los robaron y nunca más los tuvo.
Sí, a muchos les da cosa. Pero hay algunos que prueban una sola vez en su vida y nunca más.
Sí, pero ahora está medio prohibido llevar plata a la escuela, a menos que sea para la merienda. Pero si ven que estás dándole plata a alguien por hacer cosas, se prohíbe.
Nos manda a la dirección.
Yo que sé. A mí nunca me tocó, pero sé que algo pasa. Se van para adentro de la clase y ahí no se qué más.
Ahh, guardaespaldas. O personas que le van a pegar a otros, que se contratan para eso. También pasa que alquilan clases enteras de ejército. Ejército se le dice en nuestro lenguaje. Por ejemplo, el otro día pasó que uno le pegó a uno de cuarto. Y no se quién fue que le dio cinco pesos a cada uno de la clase de sexto para que los vayan a defender como guardaespaldas o que le vayan a pegar. O el caso de comprar piedras para tirar.
Pasa. Compran muy poquito. Es lo que menos se compra en toda la escuela, pero sirve como defensa.
Ahí se denuncia a la maestra.
Sí, el recargo es un tema muy… siempre un peso más.
Sí, ya se. Pero el mundo está tan loco…
Ahhh… Está el tema del casamiento nunca más hecho... Esto son cosas de niños, aclaremos. Una tal persona, para darle gracia a todo el mundo y llamar la atención, dijo que se iba a casar con un sacapuntas. Entonces agarró y le dijo a una persona que hiciera las tarjetitas para las personas que ella escribió en una lista. Que digan tal y tal cosa y que tenían que estar pintaditas de tal cosa. Y con dibujantes. Después le piden a guardaespaldas que tienen los nombres anotados en una lista y un código que son números. Le dicen: “decime el código”. Si lo sabés pasás y sino no. Ha pasado. Hay algunos que se infiltran y los han mandado a la dirección a los guardaespaldas por darle patadas a los que se infiltran.
Al final nunca les pagó a las personas.
Un Muppets con resorte, de esos que tienen los ojitos así.
Para llamar la atención.
Se casó, pero no le pagó a nadie.
Sí, sí. Alquiló hasta una persona de Papa. Papa no, cura.
En el patio de 5º B alquilado. Hasta había comprado bizcochos. Porque en la cantina de la escuela se puede comprar en cuotas pero sin recargo.
Tres pesos. Me acuerdo que esa vez compró bizcochos. Por eso puso guardias, porque sino hubieran sido devorados en cuestión de segundos.
Nunca más pagó y fue uno de los temas más grandes.
Pasó que en el mismo día ella se había comprado cigarros de chocolate y desde ese día se prohibieron los cigarros de chocolate, porque la directora creyó que eran cigarros de verdad. Son igualitos.
Préstamo hice una sola vez en mi vida… y me dejé meter un gol… y fui guardaespaldas, pero no pegaba, yo defendía.
Tengo otra cosa para hablar. Por ejemplo el tema de los celulares. Hay veces que se paga cinco pesos y vos le podés mandar un mensaje al celular de alguien, pero siempre tenés que estar supervisado.
Pero es caro cinco pesos.
Es carísimo. Hasta hay algunos que pagan ringtones, por bajarle ringtones. O está el tema de la escuela de música, que se alquilan instrumentos. El otro día pasó con dos compañeros, que uno le dijo al otro: “me das la flauta y yo te doy 10 pesos para que la maestra no me rete por no haberla traído y a vos sí”. Él le dijo: “sí, sí, sí”. Y tá, se paga. Como las flautas son iguales, nadie duda nada.
Otra vez fue el caso de un niño que vendía gorros. Después la madre siempre le andaba diciendo de todo porque no tenía un solo gorro. No tenía guantes, no tenía bufanda y no tenía gorro.
¿Lo vendía en la escuela?
Sí.
Pero salía perdiendo.
Los vendía más caros… 20 pesos llegó a vender un gorrito de visera.
Hubo uno que vendía gorros de Nike truchos. O sino uno de la clase mía, que te hacía retratos de tu cara por 20 pesos.
¿Le quedaban bien?
Era el mejor dibujante de la clase. Quedaban igualitos. Hacía caricaturas. Hacía de todo.
También hubo empresa de collarcitos y flores. Los collarcitos salían cinco pesos y un ramo de flores que arrancaban en la escuela, que los cagaban a puteadas por arrancarlos, diez pesos.
¿Las flores eran para las novias?
No. ¿Vos sabés que no? A veces le llevaban a la madre. ¡Paaa, el día de la madre se vendieron trillones!
¿Utilizan plata para conseguir novia?
Sí, eso sí. O que le vayas a decir que gustas de alguien que en realidad no gustás a otra persona.
¿Para?
Para quemar al que vos contrataste.
¿Cómo?
Para dejar re-pegado al que vos contrataste. Contratás a alguien para que mienta de quién gusta él.
¡Son terribles!
Otra vez una niña le alquiló un par de lentes a un compañero. El otro no veía un carajo. Y le mintió con la plata, porque le dijo que le iba a dar una moneda de dos pesos y le dio una de uno.
Pero eso lo ve igual sin lentes.
¡Ah sí!... si tenía no se cuánto de autismo.
Aumento.
Ahí va. Dicen que no ve nada casi sin los lentes, ve todo borroso.
¡Qué harían por 20 pesos los niños!
Una locura. Podrían hasta prender fuego la escuela de música, mirá.
No digas bobadas.
Una vez a uno le pagaron plata para que le vaya a decir “puta”, y otras malas palabras a la directora y a la maestra. Llegaron al límite. Se escondía atrás de la puerta de la directora y le decía cosas.
¿Lo hizo el niño?
Lo hizo. Pero por una cantidad de plata sin igual.
¿De cuánto estamos hablando?
Creo que habían contratado todos los servicios por 50 pesos.
¿Cómo “todos los servicios”?
Todos los servicios. Uno que hiciera todo lo que él le pidiera. Tipo de esclavo, por un decir. Todo lo que existía.
¿Alguna otra cosa grave que hagan con plata?
Contratar patotas. Hubo otro tema que estuvo de moda mucho tiempo. El tema “Constitución”. ¡Qué tema más denso! A mí no me gustaba para nada. Contratabas abogados. Por ejemplo, los abogados tenían que inventar cuantas más leyes pudieran en un papelito, para que después cuando había peleas entre niños el abogado demostraba que la ley no se cuánto no se qué no se cuánto existía y se resolvía el problema.
Cada uno hacía las leyes que quería.
Claro. Entonces lo usaba como defensa. Pero tenía que estar firmado por un abogado.
¿Y quién es abogado? ¿El que quiere?
No. Hubo cinco abogados que se tenían que designar en menos de cinco segundos yendo de un lugar a otro.
¿Cómo?
Había una mesita en la que estaban unas personas. Había un minuto y te podías inscribir de abogado. Ahí los anotaban y decían cuál es abogado y cual no y tenía que poner su firma. Entonces vos le pagabas y él tenía que firmar un papel e inventar todas las leyes posibles, porque si no está firmado no se sabía quién las había inventado; podía ser un no abogado.
Me parece que a los vivos les va bien ahí.
Vos contratás un abogado y además de abogado era testigo. Lo usaban como un testigo mentiroso. O también por plata te cuentan secretos que le dijo antes un amigo.
¿Cuentan un secreto por plata?
Algunos sí: “Dame tres pesos y te cuento de quién gusta coso coso” Está a tres pesos el mensaje secreto.
¿Pero cómo van a contar un secreto que alguien les dijo?
Y bueno, en la escuela hay algunos que no piensan en los amigos. No piensan en lo que le hacen. Son unos insensibles.
¿O sea que por plata cuentan los secretos de los amigos, se dejan hacer goles, le dicen cosas a la maestra, defienden a alguien, mienten, patotean? ¿Hacen todo por plata?
Sí. Llenan botellas. Todo. Todo. Venden figuritas. Alquilan flautas.
¿Nadie dice que no?
Yo más o menos estoy ahí. Hice dos cosas que tá… macanas de la vida. Es que era la primera vez que me ponían de arquero.